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Il Grande Sud di Angelo M. D'Addesio. Attualità, cybercultura, politica e diritti nell'America Latina 2.0

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La fuerza del nuevo: entrevista a Camila Vallejo

CamilaVallejoD. ¿La protesta de los estudiantes chilenos quiere ser un movimiento social y político unitario con mineros, obreros (como en los países árabes, los indignados españoles) con un preciso programa de reforma y de oposición institucional o sencillamente un movimiento limitado al sector de la Educación pública?

C.V. Primero, habría que distinguir varios niveles de movilización y de organización de los movimientos sociales, para poder tener un claro panorama del alcance político que hoy tiene y que en un futuro puede llegar a tener el movimiento estudiantil. Nuestras demandas como estudiantes tienen como prioridad el tema de la educación y la necesidad de una reforma estructural al sistema educativo chileno en pos de la recuperación de la educación pública, la calidad de esta, el acceso igualitario, la gratuidad y el fin al lucro, entre otros aspectos. A estas exigencias que le hemos hecho al gobierno se ha sumado gran parte de la población, desde sus casas, marchando u organizándose con nosotros como un actor más en esta lucha, y en ese sentido podríamos decir que hay un gran bloque social apoyando el movimiento por la educación, que ya no es sólo es sólo de los estudiantes, lo cual es muy positivo. Por otro lado nuestro movimiento también es reflejo de otro tipo de inquietudes, más bien políticas, que han estado presentes durante muchos años en las vidas de los chilenos, pero que por miedo o por resignación no eran manifestadas tan fuertemente como ahora. Ese malestar dice relación con la existencia de una élite política que constantemente trabaja a espaldas de la gente, no atiende sus necesidades, crea falsos consensos para aprobar leyes que sólo favorecen a unos pocos y además, mantienen intacta la actual institucionalidad política del país, sumamente restringida y poco participativa. Es por eso que se han levantado ciertas demandas en respuesta a este sentir, como por ejemplo la posibilidad de hacer plebiscitos populares para dirimir asuntos de relevancia nacional o, más drásticamente, la conformación de una asamblea constituyente que genere una nueva constitución para Chile, desarrollada de manera democrática e inclusiva. Pero esas consignas van más allá de lo que estrictamente pide el movimiento estudiantil, y por lo tanto representa la antesala de un movimiento ciudadano mucho más grande, que esperamos que pueda articularse más sólidamente de manera pronta, ya que nuestro país tiene serias deficiencias democráticas que es necesario cambiar ahora.

D. ¿Qué falta a las universidades y a las escuelas secundarias chilenas para poder estar en línea con aquellas americanas y mundiales y cuáles son las prioridades de una verdadera reforma?

C.V. Hay muchas cosas del sistema educativo chileno que hay que modificar de raíz para que realmente garantice a cada habitante del país el absoluto ejercicio de su derecho a la educación. En primer lugar, se debe erradicar de la legislación la concepción de la educación como un servicio o bien de consumo individual, cuyo único fin sea percibir mayores ingresos en el futuro, y se debe cambiar por un modelo que contemple la educación como un derecho humano, como un medio de desarrollo integral de cada persona y a la vez una herramienta de desarrollo social. Esto, claramente erradicando toda posibilidad de lucro con la educación, puesto que este crea incentivos perversos, al anteponer la generación de utilidades por sobre el objetivo de educar, y la búsqueda de la maximización de utilidades va de la mano con el abaratamiento de costos, lo que usualmente significa una disminución considerable en la calidad de la educación entregada en las instituciones que lucran. En este sentido, hay también que exigirle al Estado que se responsabilice de asegurar un sistema de educación pública, gratuita y de calidad en todos los niveles, financiando directamente a las instituciones educativas y no a través de becas estudiantiles, ya que esa lógica de financiamiento produce una continua inestabilidad en los establecimientos, puesto que no tiene un presupuesto fijo que le permita perspectivar su desarrollo, sino que depende de las matrículas anuales o de la cantidad de estudiantes de excelencia académica que ingresen, los hace depender también de las deserciones o de la pérdida de becas por parte de los estudiantes. Además, el financiamiento directo de las instituciones por parte del Estado permitiría la reducción progresiva de los aranceles y el paso hacia la gratuidad en la educación, y por lo tanto el fin al endeudamiento estudiantil que existe hoy en día. Finalmente, hay otros aspectos que son menos mencionados, pero que son igual de relevantes para la mejora del sistema educativo; estos son los temas de no poner traba alguna a la democracia estudiantil y de mejorar el sistema de acceso a la educación superior, procesos que produce mucha segregación social.

D. ¿Qué ha pasado en el cambio de Bachelet a Piñera en las relaciones entre los gobiernos y el mundo de la escuela y cuáles son las expectativas del movimiento sobre las futuras decisiones del gobierno y sobre las próximas ocasiones de diálogo?

C.V. Hoy es ampliamente reconocido que todos los gobiernos de la Concertación de Partidos por la Democracia administraron y profundizaron el modelo neoliberal instalado por la dictadura, puesto que, aunque durante mucho tiempo contaron con la posibilidad de impulsar grandes cambios para nuestra democracia y para nuestros derechos, a través del Parlamento y mediante la tarea de co-legislador que posee el Presidente de la República, la Concertación no realizó dichos cambios, y más bien se preocupó de gobernar sin molestar a la derecha. Pero de todas formas, esta crítica no significa que no se reconozcan ciertos avances hechos en el período de transición, como por ejemplo el aumento de la cobertura del sistema pre escolar y la prohibición de discriminar a las estudiantes que eran madres o estaban embarazadas, también la implementación de ciertos planes sociales en beneficio de los más pobres. Pero lamentablemente, más allá de esas medidas, no hubo ningún cambio estructural ni del sistema político no del sistema educativo, que eran cosas que la gente esperaba de un gobierno democrático, luego de tantos años en dictadura. En particular, respecto del gobierno de Michelle Bachelet y su relación con el movimiento estudiantil durante el año 2006, en la llamada “revolución pingüina”, fue algo distinta a la actual relación con el presidente. En la primera ocasión costó muchos menos días en tomas y paros el lograr que  la Presidenta diera una respuesta directa a las demandas, pero el problema fue que al derivar la solución del conflicto en un gran Consejo Asesor técnico, con muy poca representación estudiantil, lo que hizo el gobierno fue una suerte de engaño, en el sentido que los estudiantes confiaron en que sus demandas serían resueltas como lo anunció la Presidenta, pero no fue así. Ahora con Piñera, las cosas son claramente mucho más tensas, no sólo por el asunto de la represión (que también existió con Bachelet), sino que en el plano político. El actual gobierno lleva meses dilatando su respuesta definitiva a las demandas de los estudiantes; todas sus ofertas han sido reflejo de su programa de gobierno, lo que demuestra que realmente no han sido capaces de escuchar ni un ápice que lo que hoy no sólo exigimos, sino también proponemos. El gobierno ha dicho que está dispuesto al diálogo, no obstante, hemos visto cómo sus dichos no se traducen en acciones concretas. Ofrecieron una mesa de diálogo, donde el mismo gobierno señaló que era sin condiciones y al momento que nosotros aceptamos trabajar en ese espacio, pusieron condiciones como que iniciaramos las actividades académicas correspondientes al segundo semestre. Nosotros, a través de acciones concretas, hemos demostrado que no somos intransigentes y aunque ha sido una decisión difícil, sostuvimos dos reuniones con el gobierno, en la última nos retiramos ya que el gobierno nos entregó la misma propuesta que ha tenido desde principios de año, es decir, no ha escuchado para nada nuestras demandas. En esas condiciones de intransigencia, es evidente que el gobierno no ha tenido capacidad para atender las demandas ciudadanas..

D. ¿Cómo juzga el nivel de preparación de las escuelas y de las universidades chilenas en perspectiva de la entrada de los jóvenes en el mundo del trabajo y su formación profesional?

C.V. Lamentablemente hoy existe una profunda desigualdad en ese aspecto, ya que se realizan distinciones entre los egresados según su universidad de proveniencia. Dentro de las universidades privadas, sabido es que muchas tienen solo por objetivo lucrar con la educación más que entregar un proceso formativo de calidad para sus estudiantes. En ese sentido, influye el hecho que muchas instituciones privadas, en el afán de maximizar utilidades, disminuyen sus reinversiones en lo que verdaderamente importa, que es entregar una educación integral y de calidad, y a esto hay que sumarle la casi nula regulación de este aspecto por parte del Estado. Por otro lado, existe una total desregulación de la apertura de carreras y cupos a lo largo de todo el sistema de educación superior, por lo que existe un exceso de ofertas de carreras que eventualmente no tendrán campo laboral para muchos de los estudiantes que hoy ingresan a la universidad aspirando a tener un mejor nivel de vida en un futuro; en casi la mitad de los casos, los titulados no trabajan en lo que estudiaron o están cesantes. A juicio de muchos, esos son datos suficientes que justifican una urgente reforma al sistema educativo chileno. 

D. En el mundo y en Europa se habla de “milagro chileno” y de Chile como un país rico, estable, democrático. Ahora esta imagen parece irreal ¿Cuál es su juicio total sobre los escenarios sociales, económicos y políticos de su país?

C.V. Efectivamente, Chile es un país muy rico. Tenemos grandes reservas de cobre, de agua, tierras fértiles, clima templado, muchas fuentes de energía alternativa, potencial turístico y capacidades humanas para generar riquezas.  Pero sucede que quienes explotan nuestros minerales son en su mayoría extranjeros que tan sólo pagan un 5% máximo de impuestos a su extracción, nuestras reservas de agua son destruidas por megaproyectos transnacionales, los pequeños productores agrícolas son absorbidos por los grandes empresarios, la contaminación afecta nuestro ecosistema, siendo desechadas importantes alternativas energéticas más ecológicas y finalmente, la educación orientada hacia el mercado impide que el país se desarrolle en un sentido colectivo e igualitario, por lo que toda nuestra riqueza se nos escapa de las manos. Ya es mundialmente sabido que la distribución de las riquezas en Chile es profundamente desproporcionada, y que finalmente los indicadores de crecimiento económicos sólo son promedios ficticios que mezclan las grandes ganancias de una minoría, con la pobreza de la mayoría. A esto se le debe sumar lo limitada que es nuestra democracia, heredada de la dictadura y que se rige en base a sus mismas leyes. En este sentido, si nuestra movilización ha servido para derribar mitos sobre Chile, queremos que ahora sirva para instalar temas de importancia nacional y propuestas ciudadanas para que el país comience a cambiar y a mejorar lo que no pudo en los 20 años de transición.

D. Usted se ha convertida en un personaje y un simbolo muy importante. ¿Qué ve en su futuro profesional y político y cosa espera y quiere decir a las jóvenes generaciones que en cada parte del mundo padecen crisis, subempleo y desconfianza por la política y no tienen la misma ocasion de movilizacion?

C.V. Muchas veces se refieren o tratan de mostrarme como un personaje o símbolo del movimiento y no solo a mí, sino también a otros compañeros que han asumido roles de vocería, cuestión que más bien responde a una estrategia de los medios de comunicación para personificar un movimiento y sus demandas. En ese sentido, me parece importante clarificar que todas las personas que conforman el movimiento han asumido distintos roles y en mi caso, me ha tocado asumir una vocería de las demandas que hoy son levantadas por la mayoría de la sociedad chilena. En esa misma línea, como militante del Partido Comunista y como parte del movimiento social chileno, estoy dispuesta a asumir los roles que hayan que asumir en función del avance de un proyecto político y social abocado a superar las injusticias y desigualdades que sufre nuestro país producto del modelo neoliberal, pero es algo que no se define de antemano, sino a medida del desarrollo de las luchas. Por otro lado, me interesa mi formación profesional, porque considero fundamental poner los conocimientos disciplinares a disposición de un proyecto social. Sobre qué podría decirle a jóvenes generaciones del mundo, creo que hay una cultura global cuyo punto de confluencia es el modelo económico neoliberal, que genera similares carencias en todas partes, entonces, aunque aparentemente tengamos realidades muy distintas, en lo medular tenemos problemas estructurales parecidos, que probablemente hacen que podamos identificarnos con luchas muy distantes, pero que reflejan problemas sentidos por mucha gente alrededor del mundo. Frente a eso, la acción política organizada es necesaria a pesar que en muchos casos no necesariamente se vean resultados inmediatos, pero dar el  primer paso es indispensable para iniciar un camino que revierta las condiciones de desigualdad que nos aquejan.